Todavía sobre tus hombros

|Lidia Montero

Pasaje base: Salmo 55:16–22

Lectura bíblica

Lectura sugerida: Salmo 55:16–22

Versículo clave:

«Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo» (Salmo 55:22).

Lectura de apoyo:

1 Pedro 5:6–7

Verdad central

Entregar una carga no significa abandonar nuestra responsabilidad, sino dejar de asumir el lugar que solamente le corresponde a Dios.

Reflexión

Se cuenta que un anciano caminaba por un camino polvoriento llevando un pesado saco de papas sobre los hombros. Avanzaba lentamente, inclinado por el peso, hasta que un carretonero se detuvo y le ofreció llevarlo.

El anciano aceptó agradecido y subió a la carreta, pero permaneció sentado con el saco sobre la espalda. El carretonero ya estaba transportando al hombre y también al saco. Sin embargo, el anciano continuaba soportando un peso que podía bajar de sus hombros, lo pudo haber puesto en el suelo, a un lado, podía descansar de semejante peso, pero no, decidió llevar en el camino el saco de papas.

La escena parece absurda hasta que reconocemos cuánto se parece a nosotros.

1. Subir a la carreta no significa haber soltado el saco

Oramos, le pedimos ayuda a Dios y afirmamos que confiamos en Él, pero continuamos repasando todas las posibilidades. Intentamos anticiparnos a cada problema, controlar las reacciones de otras personas y asegurarnos de que nada se salga del plan que hemos imaginado.

Hemos subido a la carreta, pero el saco permanece sobre nuestros hombros.

Es posible creer que Dios está con nosotros y, al mismo tiempo, vivir como si todo dependiera de nuestra capacidad. Decimos que hemos entregado una situación, pero seguimos vigilándola mentalmente, buscando una solución a cada hora o imaginando una y otra vez lo peor que podría suceder. Te ha pasado?  Masticas y masticas esa situación, dices que la entregas y a la media hora o al otro día por mucho la vuelves a tener haciendo nido en tu mente, en tu corazón.  Yo si, y no una, ni dos, ni tres, para serte honesta perdí la cuenta de las situaciones en las que ahí he estado.

Y no siempre hacemos esto porque desconfiemos conscientemente de Dios. A veces llevamos tanto tiempo cargando a solas que ya no sabemos cómo descansar. El peso se ha vuelto parte de nuestra postura: aprendimos a vivir inclinados y nos parece extraño caminar de otra manera.

El Salmo 55 no dice que ignoremos la carga. Dice que la echemos sobre el Señor. Para entregarla primero debemos reconocer que existe, pero luego necesitamos permitir que salga de nuestros hombros. Y si se lee tan bonito: echar eso sobre el Señor, hasta de consejo lo he dado.

2. Responsabilidad no es autosuficiencia

Entregar una carga a Dios no significa desentendernos de lo que ocurre. Hay conversaciones que debemos tener, decisiones que debemos tomar, límites que debemos establecer y ayuda que necesitamos buscar. La confianza no sustituye la obediencia.

Pero también existen pesos que nunca nos correspondió llevar: garantizar que todo salga como esperamos, cambiar el corazón de otra persona, conocer el futuro, acelerar un proceso o impedir cualquier posibilidad de dolor.

Ser responsable es atender aquello que Dios ha puesto en nuestras manos. Ser autosuficiente es intentar ocuparnos también de lo que solamente Él puede gobernar.

A veces pensamos que, si dejamos de preocuparnos, seremos descuidados. Creemos que descansar significa que algo ya no nos importa o que perderemos el control. Por eso volvemos al problema una y otra vez, como si pensarlo durante más horas pudiera darnos el poder de resolverlo.

Sin embargo, la preocupación constante no siempre es una señal de responsabilidad. En ocasiones es nuestra manera de intentar conservar el control. Podemos actuar con diligencia sin vivir consumidos, obedecer sin conocer todos los resultados y cuidar sin convertirnos en salvadores de quienes amamos.

3. Los hombros que realmente sostienen

En 1 Pedro 5, la invitación a echar toda nuestra ansiedad sobre Dios está unida al llamado a humillarnos bajo su poderosa mano. Hay una humildad profunda en reconocer: «Esto me importa, pero no puedo sostenerlo todo. Haré lo que me corresponde y confiaré en que tú sigues siendo Dios».

No soltamos la carga hacia un lugar vacío. La ponemos sobre Aquel que tiene cuidado de nosotros.

El Salmo 55 no promete que el problema desaparecerá en el mismo instante en que oremos. Promete que Dios nos sustentará. Algunas veces Él cambia la situación; otras veces comienza fortaleciendo a la persona que debe atravesarla. Da claridad para el siguiente paso, fuerzas para el día y descanso para dejar de luchar con aquello que no podemos dominar.

Dios no quiere únicamente recibir aquello que llevas. También quiere sostenerte a ti. Conoce el cansancio que se ha acumulado, el temor que no has expresado y cuánto tiempo has intentado mantenerlo todo bajo control.

Tal vez ya le has hablado muchas veces de lo que te preocupa. La pregunta ahora no es solamente si has orado, sino si después de orar volviste a colocar el saco sobre tus hombros.

Acción práctica

Toma una hoja y divídela en dos columnas.

En la primera escribe: Lo que me corresponde atender.

Anota acciones concretas que sí están en tus manos: hacer una llamada, pedir perdón, buscar orientación, acudir a una cita, ordenar algo o establecer un límite.

En la segunda escribe: Lo que solamente Dios puede sostener.

Coloca allí los resultados, los tiempos, las decisiones de otras personas y todo aquello que no puedes controlar.

Escoge una acción de la primera columna para realizarla y presenta la segunda en oración. Cuando tu mente intente cargarla nuevamente, recuerda: «Esto me importa, pero no me corresponde gobernarlo».

Preguntas para reflexionar

  1. ¿Qué carga has presentado en oración, pero continúas sosteniendo como si todo dependiera de ti?
  2. ¿Qué responsabilidad concreta sí te corresponde asumir en este momento?
  3. ¿Qué resultado, persona o situación necesitas dejar de intentar controlar?

Oración

Señor, reconozco que muchas veces te he pedido ayuda sin dejar realmente el peso en tus manos. He querido ocuparme de mis responsabilidades, pero también he intentado controlar resultados que no me pertenecen. Muéstrame con claridad qué me corresponde atender y dame obediencia para hacerlo sin excusas. Enséñame a reconocer mis límites y a confiarte lo que solamente tú puedes sostener. Hoy bajo de mis hombros  está esta carga y renuncio a vivir como si todo dependiera de mí. Susténtame cuando vuelva a sentir su peso y recuérdame que tienes cuidado de mi vida. En el nombre de Jesús. Amén.

Todavía sobre tus hombros